San Froilán es uno de las imágenes religiosas más respetadas y admiradas en el noroeste peninsular. En especial las ciudades de Lugo, donde tenemos nuestra tienda de objetos religiosos,  y León celebran con gran fervor el día de San Froilán, el día 5 de Octubre. 

Repasamos la vida y hechos de este importante Santo que dedicó su vida a la oración y dar a conocer la palabra de nuestro Señor. Nacido en la ciudad de Lugo pronto abandona el hogar para recorrer el mundo. Después de predicar el Evangelio durante toda su vida es nombrado Obispo de la ciudad de León, cargo en el que muere en el año 905.

Un año más con la llegada del mes de Octubre, ultimamos los arreglos necesarios para preparar nuestra tienda de imaginería religiosa para la celebración de San Froilán. Aprovechando las fiestas de este año vamos a profundizar en la figura de San Froilán, patrón de Lugo y de León. Cabe destacar que en el caso de San Froilán, a diferencia de la vida de otros muchos Santos y Santas, tenemos la fortuna de contar con una biografía casi contemporánea a San Froilán. Se cree que dicho documento fue escrito por el diácono Juan entorno al 920, quince años después de la muerte de San Froilán.

San Froilán. Juventud, del estudiante al ermitaño

San Froilán nace dentro del recinto amurallado de la ciudad de Lugo en el año 832. En sus primeros años de formación recibe una educación profundamente religiosa.

Llegado a su mayoría de edad, San Froilán comienza a desear una vida espiritual, de unión con Dios. Este deseo de recogimiento y oración se va haciendo más grande hasta que decide abandonar sus estudios y su casa para llevar una vida de oración y soledad como ermitaño.

Abandona Lugo y se dirige a las montañas de O Cebreiro y de El Bierzo. Imagen San Froilán en la Catedral de LugoSe dedica fundamentalmente a la oración y al acercamiento a Dios. Es en esta época cuando le sucede uno de los acontecimientos que definirá la imagen que tenemos en nuestros días de San Froilán (normalmente se representa al Santo con la figura de un lobo al lado de su pierna derecha): Estando San Froilán totalmente absorto en su oración, un lobo hambriento que buscaba desesperadamente algo de comer se encontró al Santo y a su asno. El lobo atacó al asno y se lo comió. Cuando el Santo se percató de lo que sucedía miró fijamente al lobo. Tal fue el cariño y amor de la mirada de San Froilán que el lobo perdió el miedo al hombre y al fuego, y desde aquel momento ayudó al Santo.

A pesar del ansia de soledad que tenía el Santo, también dedica parte de su tiempo a evangelizar por los pueblos de la zona. En palabras de diácono Juan, “de su boca emanaban las maravillas del Señor”. Su gran capacidad para que los más humildes entiendan los Evangelios, y la cada vez más numerosa gente que se reúne para escuchar sus enseñanzas, le hace plantearse la necesidad de abandonar su vida eremítica y dedicar todo su tiempo a la evangelización para mayor gloria de Dios.

Para acertar en su decisión, San Froilán decide poner su destino en manos de Dios. Hará una prueba de fuego en la que el Señor decidirá cuál es el mejor camino para servirle: como ermitaño o como evangelizador.

Si Dios suspendía las leyes de la naturaleza, San Froilán abandonaría la vida de ermitaño. El Santo introduce unas ascuas encendidas en la boca y no sufre daño alguno. San Froilán interpreta este acontecimiento como una señal divida, debe dedicar su vida a enseñar la palabra del Señor.

San Froilán, encuentro con San Atilano y Alfonso III

Después de tomar la decisión de abandonar la vida contemplativa, San Froilán viaja por numerosas localidades de Lugo, León, Zamora, Asturias y Cantabria.

En uno de estos viajes, San Froilán se encuentra con Atilano de Tarazona, él que será San Atilano, figura fundamental en la vida del Santo. Ambos entablan una gran amistad que perdurará hasta su  muerte. Deciden continuar con la labor evangelizadora tomando como punto de partida el Monte Cucurrino (hoy conocido como monte Corueño) donde fundan un Monasterio. En este lugar habitarán y realizarán su labor para mayor gloria de Dios, San Froilán con la facilidad de palabra que le había dotado el Señor, y San Atilano, con los vastos conocimientos adquiridos en los años de su formación como sacerdote.

Tal fue la fama que alcanzaron que el número de personas que iba a escucharles no paraba de aumentar. Cada vez más y más fieles se admiraban de las palabras de San Froilán y San Atilano. Palabras llenas de humildad y amor a Dios.

Las noticias de la piedad de San Atilano y San Froilán de extendieron por el reino asturleonés hasta llegar a los oídos del rey Alfonso III de Asturias. El monarca, maravillado por las historias que sus súbditos le contaban, decidió llamar a su Corte de Oviedo a los dos amigos a los que tanta gente iba a escuchar predicar. El diácono Juan describe este hecho del siguiente modo “su fama y su predicamento se extienden ahora por toda Hispania y, aunque tarde, llegan también al rey Alfonso (III), que gobernaba en Oviedo el reino de los godos, apresurándose a enviarle mensajeros para que se presentase cuanto antes a su presencia”

San Froilán y San Atilano llegaron a Oviedo y se reunieron con Alfonso III. El rey, asombrado con los dos Santos, les concedió grandes poderes y se ofreció a pagar la construcción de varios monasterios a orillas del río Duero de los que San Froilán y San Atilano serían responsables.

En primer lugar fundaron Monasterio de Tábara, que era dúplice, alojaba a monjes y monjas, aunque los religiosos no se mezclaban con las religiosas, haciendo vidas totalmente separadas. San Froilán fue el abad del monasterio, y Atilano el prior. Poco tiempo después fundan otro Monasterio en Moreruela de Tábara, aunque esta ubicación únicamente es defendida por algunos historiadores, otros creen que el monasterio fue levantado en otro lugar. Según el diácono Juan “Edificó el monasterio de Tábara, donde congregó seiscientos servidores de Dios, de ambos sexos” y “Después buscó otro sitio cerca del río Esla, en lugar ameno y alto (amenum et altum), donde construyó otro monasterio al que llevó y constituyó bajo disciplina regular de otros doscientos monjes”.

Con la fundación de los monasterios, San Froilán y San Atilano hicieron una labor fundamental en la reconquista y repoblación de aquellas tierras que en años anteriores habían estado bajo la ocupación musulmana.

San Froilán, Obispo de León

En el año 900 se produce un nuevo cambio en la vida de San Froilán. Es en este año cuando fallece el obispo Vicente de León. Ante este hecho, el rey Alfonso III pide a San Froilán que ocupe el puesto de obispo. Además, entre las gentes más humildes, las mismas que habían escuchado fielmente la palabra de San Froilán, se manifiestan durante días para que el Santo acepte el nuevo puesto como responsable de la Iglesia de León.

Figura de San Froilán, patrón de Lugo y LeónEn un primer momento, San Froilán que ya cuenta con 68 años, decide no aceptar el cargo ya que se considera indigno de tal puesto. A pesar de ser un incansable evangelizador no había llegado a ser ordenado sacerdote, a diferencia de San Atilano.

San Froilán en su gran humildad dice no sentirse autorizado para ejercer el cargo de Obispo. Finalmente, ante las reiteradas demandas que recibe del rey y de todos los estratos de la sociedad, decide aceptar el cargo de Obispo de León.

En ese mismo momento, también se le concede el puesto de Obispo de Zamora a su compañero San Atilano. Después de ordenar a San Froilán sacerdote, ambos son investidos Obispos en la ciudad de León, en la iglesia de Sta. María de Regla el día de Pentecostés, 19 de mayo del 900.

San Froilán solo será Obispo durante 5 años. Fallece en la ciudad de León en el año 905 después de haber dedicado toda su vida a evangelizar por las tierras de Lugo, su tierra natal, y Zamora y León, su tierra adoptiva.

La muerte de San Froilán es un hecho de gran calado entre las gentes de Lugo y de León. En muchas localidades se empieza a honrar al Obispo que acababa de morir como si fuese un Santo. No se sabe exactamente la fecha en la empieza a darle culto a San Froilán en los altares, pero si sabemos que fue el Papa Urbano II quien le canonizó oficialmente.

Los restos de San Froilán reposarían en el sepulcro que el propio rey Alfonso III, eternamente agradecido por la labor que el Santo había desarrollado, le construyo en la Catedral de Santa María y San Cipriano de León.

San Froilán, Santo y patrón de Lugo y León

Tras su muerte "en olor de santidad", la devoción por San Froilán no deja de crecer por las tierras de Lugo, León, Zamora, Asturias y Cantabria. Mientras sus restos descansaban en la Catedral de León, los habitantes de estas tierras mantienen en el recuerdo las palabras y obras del Santo.

El cuerpo del Santo reposó en León hasta finales del siglo X. Es en los últimos años del siglo, ante las continuas incursiones de Almanzor, los leoneses deciden llevar los restos del Santo a un lugar más seguro, más alejado de los ejércitos musulmanes.Imagen tímpano puerta San Froilán, Catedral de León

“Quedaron los leoneses amedrentados con esta guerra: y perdida la esperanza de poder mantener su ciudad si Almanzor volvía en el año siguiente, comenzaron a poner en seguridad los cuerpos santos, y de los Reyes. A Oviedo se llevaron entonces las sagradas reliquias del Mártyr San Pelayo, y las de San Froylán se trasladaron, no a los montes de Navarra, como escriben algunos autores engañados con los vocablos de los Pyrineos, y Valdecésar, de que usan nuestros antiguos, sino a una de las montañas de León, en que estaba fundado el Monasterio de San Juan de Valdecésar". Padre Manuel Risco, en Historia de León.

Se decide trasladar el cuerpo al Monasterio de Valdecésar, en las montañas del Curueño. En este lugar los restos de San Froilán permanecieron por más de un siglo.

A finales del siglo XI, los restos de San Froilán son trasladados de nuevo. En esta ocasión viajan al Monasterio de Moreruela, en tierras zamoranas. Los monjes deseaban custodiar el cuerpo de su fundador. Este traslado supone un enfrentamiento entre los monjes del Monasterio de Moreruela y los habitantes y representantes eclesiásticos de la ciudad de León. Ambas partes profesaban un enorme amor por el Santo y desean sus restos.

Este enfrentamiento propicia la intervención del Papa, el cual decide repartir las reliquias de manera equitativa entre el Monasterio y la ciudad de León. La solución satisface a ambas partes y de este modo, a finales del siglo XII, algunos de los restos de San Froilán regresan de nuevo a León. En el año 1181 se hace el traslado acordado, siendo D. Manrico el obispo de León. Los restos descansan en un arca de plata en el altar mayor de la catedral leonesa.

La alegría de este momento se resume en un poema escrito por el sacerdote Don Julio de Prado:

"Froilán fue flor en Lugo;

en el monte árbol santo;

de apóstol y de pastor en León tuvo el lauro.

Hermoso farol, bello luminar,

tu luz singular afrenta es del sol.

Repita el clarín, publique la voz,

que al son de Froilán, festeja León".

 

En el año 1614, casi 800 años después del nacimiento de Santo en Lugo, el consistorio lucense solicita al Papa “una parte o alguna reliquia del cuerpo del santísimo patrón” San Froilán. Se aprueba esta solicitud y el Monasterio de Moreruela envía unas reliquias del Santo que son conservados actualmente en la Catedral de Lugo en un relicario con forma de brazo.

Tanto la diócesis de Lugo, lugar del nacimiento de San Froilán, como la diócesis de León, lugar donde desarrolló la mayor parte de su actividad eclesiástica, se celebra el día 5 de Octubre la fiesta de San Froilán en conmemoración del día de su muerte. 

 

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