Candeleros, Candelabros y Palmatorias

Candeleros, Candelabros y Palmatorias

¿Qué son los candeleros y candelabros? | Significado

Los candeleros son soportes estables donde se colocan las velas que acompañan las celebraciones litúrgicas que se llevan a cabo en una parroquia. Su principal objetivo es sostener una o varias velas de tal manera que la llama que emiten se puedan apreciar en unas condiciones óptimas sin distraer la atención de los fieles. 

La palabra candelero tiene su origen etimológico en el latín candēla (vela, bujía). Deriva concretamente de la raíz del verbo latino candēre (brillar, estar inflamado o blanco), asociada a la luz. El término evolucionó para definir al utensilio o soporte destinado a sostener una vela o candela para iluminar y, también, para referirse al oficio del fabricante o vendedor de velas.

Los candeleros y las velas han tenido a lo largo de la historia de la humanidad una funcionalidad clara, que las personas pudiesen llevar a cabo actividades en lugares en los que no existía luz natural, bien por la estructura de la zona que dejaba acceso a la luz de sol, o bien porque las actividades se llevaban a cabo de noche. Esta funcionalidad ha perdido relevancia con la llegada de la electricidad y otros tipos de combustibles. En la iglesia católica, la luz de las velas y los candeleros además de este componente funcional, tienen una fuerte carga simbólica vinculada con la presencia de Cristo. 

Los candeleros de los altares de las parroquias suelen estar fabricados con materiales dignos como el metal, bronce, plata, oro, etc. para expresar respeto y solemnidad hacia el Misterio que se celebra.

¿Qué diferencia hay entre los candeleros y candelabros?

Tradicionalmente, se usaba la palabra candelero para referirse a aquellos objetos que disponían de un único casquillo o soporte para vela. Mientras que el candelabro eras aquellos soportes para velas que tenían dos o más brazos. En el candelero se podía poner una vela y en los candelabros varias. 

Hoy en día esta distinción ya no es tan clara. Es habitual que se emplee una palabra u otra indistintamente, sin hacer distinciones del número de brazos que tiene la pieza. 

¿Qué es una palmatoria?

Una palmatoria es un candelero o soporte de mano, generalmente con forma de platillo, que cuenta con un asa y un soporte central para fijar una vela. Se utiliza tradicionalmente para transportar luz de manera segura, permitiendo sostener la vela y recoger la cera derretida. 

Se usaba tradicionalmente en los hogares para poder portar la luz de una habitación a otra de una manera práctica y sencilla. El diseño de las palmatorias facilitaba transportar la vela de forma estable, evitando derramamientos de cera, quemaduras o que la llama se apagase.  

Este candelero portable también se ha usado durante siglos en las celebraciones litúrgicas.

Los candelero y candelabros en el altar de la Iglesia

Los candelabros y candeleros ubicamos en la mesa del altar, o en ubicaciones próximas al altar, cumplen la importante misión de sostener las velas encendidas que acompañan la celebración de la Eucaristía. Esa luz crea un marco de respeto, solemnidad y veneración que resalta la importancia del ritual que el sacerdote lleva a cabo durante las celebraciones litúrgicas. 

La luz de las velas es un símbolo de Cristo, de la presencia de Dios, y los candeleros son los objetos religiosos que elevan las velas, que les dan visibilidad dentro del templo.

Los candeleros en el Antiguo Testamento

La tradición bíblica ofrece rico contexto para comprender el motivo por el cuál la luz y sus soportes ocupan un lugar tan significativo en el culto. 

En el Antiguo Testamento, el candelabro aparece ligado a los templos y a la presencia de Dios. En el Éxodo se narra cómo el Señor ordena a Moisés la construcción de un candelabro de oro puro para el lugar sagrado (Éxodo 25,31-32). La luz encendida en el espacio del culto expresa que Dios habita templo, convirtiendo ese lugar en un punto de encuentro entre Dios y los hombre, y como tal, como ubicación de unión entre lo divido y lo humano, merece cuidado, belleza y precisión. 

Esa misma idea reaparece en textos que describen el culto cotidiano: “el candelabro de oro con sus lámparas para que ardan cada tarde” (2 Crónicas 13,11). La luz forma parte de las celebraciones regulares en las cuales se realiza la oración comunitaria. 

Finalmente, cuando el templo es purificado tras la profanación, el gesto de encender de nuevo las lámparas se convierte en símbolo de restauración de la adoración verdadera: “encendieron las lámparas del candelabro para que iluminaran el santuario” (1 Macabeos 4,49-50). Encender la luz, encender las llamas de los candeleros,  equivale a reconocer la presencia de Dios de nuevo en el templo.

Los candelabros en el Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento, Jesús profundiza en la simbología del Antiguo Testamento y las convierte en enseñanza espiritual. 

Cristo habla a sus seguidores de la relevancia de la luz y de su lugar dentro del rito cristiano. “Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos” (Mateo 5,15). La luz está hecha para ser elevada y visible; no se enciende para ocultarla. En clave litúrgica, esto ayuda a entender por qué la luz, los candeleros y candelabros con las velas se ubican junto al altar. 

En el Apocalipsis lleva esta simbología a una profundidad eclesial: Juan contempla “siete candelabros de oro” y, en medio de ellos, “como un Hijo de hombre” (Apocalipsis 1,12-13); y después escucha: “el que camina en medio de los siete candelabros de oro” (Apocalipsis 2,1). La imagen es poderosa: los candelabros representan a las Iglesias, y Cristo resucitado está en medio de ellas. Por eso, cuando una celebración episcopal se acompaña de siete candeleros, el signo sugiere plenitud y comunión: Cristo camina en medio de su Iglesia reunida.

Por último, y quizá una de las citas más célebres, Jesús se identifica con luz, dando continuidad a la simbología de la llama como representación de Dios. "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Juan 8,12), donde Jesús se presenta como la guía espiritual que ilumina el camino de la vida, ofreciendo conocimiento y esperanza frente a la oscuridad del pecado y la muerte. Jesús pronunció estas palabras durante la fiesta judía de los Tabernáculos, un momento que recordaba la guía de Dios a Israel a través de una columna de fuego en el desierto, lo que añade un significado de guía divina a su declaración.

Normas de la IGMR: número y colocación

La Instrucción General del Misal Romano (IGMR) es el documento oficial de la Iglesia Católica que establece las normas, rúbricas y directrices para la celebración de la Santa Misa en el rito romano. Explica la estructura de la misa, los ritos, los ministerios y la disposición de la iglesia.

La Instrucción General del Misal Romano da instrucciones relevantes sobre el número de los candeleros y su colocación durante las celebraciones parroquiales. 

La liturgia católica es un ritual profundamente cargado de simbología por lo que el número de candelabros y su disposición tienen una gran importancia. La IGMR 117 establece que como mínimo deben de colocarse dos candeleros para cualquier Misa, mientras que se pueden colocar cuatro o seis velas en celebraciones dominicales o festivas, y siete cuando preside el obispo. 

Mediante la variación del número de velas también se hace una labor de evangelización, ayudando a los asistentes a la celebración identificar el tipo de Misa a la que asisten y a percatarse de la relevancia de cada una de ellas. 

Además del número de velas también es importante su ubicación. Respecto al lugar que deben de ocupar los candeleros y candelabros en el altar resulta decisiva la IGMR 307, que pide situar los candeleros “en forma apropiada… sobre el altar o cerca de él”, y añade una advertencia muy concreta: debe cuidarse que “no se impida a los fieles mirar atentamente” lo que se realiza sobre el altar. Los candeleros deben de ser una elemento que ayude a los fieles a sumergirse en el ritual litúrgico, no puede ser obstáculos visuales que dificulten apreciar los importantes acontecimientos que se suceden durante la celebración de la Misa. 

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