Cubre ambón | San José con Niño Jesús
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Cubre ambón imagen San José con el Niño
- Cubre ambón con imagen de San José con el Niño Jesús.
- Color beige.
- Fabricado en viscosa y poliéster.
- 55 cm de ancho por 230 cm de largo.
- Forro interior.
- Decorado con imagen en parte delantera y trasera.
- A la venta otros cubre ambones litúrgicos.
Bordado del paño de atril: San José con el Niño Jesús de Guido Reni
La imagen del cubre ambón está inspirada en la célebre pintura San José con el Niño Jesús del maestro italiano Guido Reni (1575-1642), realizada hacia 1635 y conservada actualmente en el Museo del Hermitage de San Petersburgo, Rusia.
Guido Reni, conocido como "il Divino" por sus contemporáneos, fue uno de los pintores más influyentes del Barroco europeo. Formado en la prestigiosa Escuela de Bolonia bajo la tutela de los hermanos Carracci, desarrolló un estilo que combinaba el clasicismo renacentista con la emotividad del Barroco.
Su famosa obra San José con el Niño Jesús es un óleo sobre tela (126 x 101 cm) representa a San José sosteniendo al Niño Jesús con un gesto de suma ternura. Lo mira con amor y devoción. El Niño se vuelve hacia San José con gesto cariñoso, tocando su barba. Jesús está plácido en los brazos de San José, confía plenamente en él.
El artista italiano crea el efecto de intimidad peterno-filial empleando un refinado claroscuro y una paleta cálida de ocres, blancos y rojos. La pincelada suave y las veladuras delicadas crean una atmósfera de serenidad celestial.
La pintura refleja la transformación iconográfica de San José durante la Contrarreforma católica. Si anteriormente el santo era representado como figura secundaria, el Concilio de Trento y la devoción de Santa Teresa de Ávila impulsaron una nueva imagen: San José como modelo de paternidad amorosa, fidelidad conyugal y humildad cristiana.
La figura de San José en la Iglesia Católica
La figura de San José y su papel en los ritos de la Iglesia Católica han evolucionado a lo largo de los años.
En los primeros siglos del cristianismo, la atención teológica y litúrgica se centró casi por completo en Cristo y, en segundo lugar, en la Virgen María. San José aparecía, tenía muy poca presencia en las celebraciones litúrgicas y, por ende, en las representaciones artísticas de la época. Las ocasiones en las que era representado, especialmente a lo largo de la Edad Media, solía aparecer en escenas de la Natividad, escenas del portal de Belén, como un anciano apartado, ligeramente distante.
La Iglesia y, por extensión, los artistas que hacían este tipo de obras trataban de evangelizar a los fieles destacando que San José no era el padre biológico de Jesús. Poniendo de manifiesto la importancia de la doctrina de la virginidad de María.
A partir del siglo XVI, con la Contrarreforma y el Concilio de Trento, la figura de San José fue reivindicada por una nueva corriente de teólogos y santos como Teresa de Jesús.
Este nuevo grupo consigue ver el verdadero papel que Dios había reservado para San José: un esposo fiel, un trabajador incansable y un padre responsable. La nueva visión produce que se instaure un gran número de nuevas fiestas dedicadas al santo, cofradías, parroquias dedicadas a su devoción, etc.
En cuanto a las representaciones artísticas, San José se convierte en protagonista en gran número de cuadros, estatuas, tapices, etc. En muchas de esas obras religiosas se representa a San José con el Niño Jesús, para destacar su papel como padre, trabajando en su taller o guiando a la Sagrada Familia.
La importancia de San José se consolida en los siglos XIX y XX. Los papas profundizaron esta revalorización: Pío IX lo declaró Patrono de la Iglesia universal el 8 de diciembre de 1870 mediante el decreto Quemadmodum Deus, afirmando que así como protegió a Jesús y a María en Nazaret, ahora protege al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.