Regalos, figuras, casullas, conjuntos de altar, paños de atril, manteles y tapices
Pieza de imaginería religiosa de San José con el ...
Imagen religiosa de San José con acabado antiguo | ...
Imagen de San José - Imagen artesanal de San ...
Figura de San José | Figura para Belén de ...
San José dormido | Comprar figura religiosa | Imagen ...
Imagen para parroquia de la Sagrada Familia realizada en ...
Figura barata de San José | Regalo día del ...
Mantel de altar con bordado de San José | ...
Conjunto de altar de San José | Venta online ...
Cubre ambón | San José con Niño Jesús. Paño ...
Casulla San José | Ornamentos Año Santo | Venta ...
Colgadura de Navidad de 100 cm. por 80 cm ...
Tapiz de San José con el Niño - Tapiz ...
San José es un santo que aparece poco en los Evangelios y, sin embargo, tiene un papel destacado en momentos muy relevantes de la vida de Jesús y de la Virgen María.
El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia subraya la importancia de San José diciendo:
Dios, en su providente sabiduría, para realizar el plan de la salvación, asignó a José de Nazaret, ‘hombre justo’ (cfr. Mt 1,19), esposo de la Virgen María (cfr. ibid.; Lc 1,27), una misión particularmente importante: introducir legalmente a Jesús en la estirpe de David de la cual, según las promesas, debía nacer el Mesías.
San Mateo presenta a José como esposo y como justo, y sitúa su discernimiento en el lugar exacto donde muchos creyentes se reconocen: cuando no se entiende todo, pero se quiere hacer el bien.
San José es una figura extremadamente humana. Es una persona que duda, que no comprende completamente su misión que Dios le ha encomendado, pero es capaz de superar sus dudas y de actuar, de tomar decisiones en momentos críticos que se demuestran totalmente trascendentales para proteger a su familia.
El culto a San José representa una de las evoluciones devocionales más significativas en la historia del catolicismo. Desde la estudiada indiferencia de los Padres de la Iglesia hasta su proclamación como Patrono Universal de la Iglesia en 1870, el esposo de María ha pasado de ser una figura secundaria a ocupar un lugar de máxima prominencia litúrgica y espiritual.
La Carta Apostólica Patris Corde del Papa Francisco lo expresa con claridad:
"Después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo".
Esta evolución responde a una progresiva comprensión teológica del papel único de José en la vida y salvación de Cristo: no solo fue guardián del Redentor y protector de la Virgen, sino que, según San Juan Pablo II en Redemptoris Custos
"cooperó en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la salvación".
La labor silenciosa de San José, en los Evangelios no recogen ni una sola palabra suya, es un símbolo de la fe ciega en Dios, de la creencia en la Palabra sin entenderla.
Los primeros siglos del cristianismo mostraron una notable reticencia hacia la figura de San José. Los Padres de la Iglesia, según podemos observar en numerosos estudios sobre el material conservado de la época, dedican pocas referencias a la figura del santo. Todas ellas son referencias indirectas a la Virgen María ya que sirven para reforzar el concepto de la virginidad de Santa María. En el cristianismo primitivo se menciona a San José para destacar las virtudes de su mujer.
La mayoría de los expertos están de acuerdo en destacar que hay una razón teológica tras el modo en el cual se trata a San José. Minimizar al santo servía para magnificar la virginidad de María y la filiación divina de Cristo.
El culto a San José comenzó a desarrollarse tímidamente en el siglo X, cuando aparece en calendarios de santos irlandeses y alemanes. Se tiene constancia de fiestas vinculadas con San José en diferentes lugares del Reino Unido.
La devoción josefina sigue en aumento durante los siguientes siglos. Se conservan breviarios carmelitas y franciscanos de finales del siglo XIV en los cuales se ve por escrito la fecha de la festividad de San José. En estos escritos mediavales aparece la fecha del 19 de Marzo como día de San José por primera vez.
San Bernardo de Claraval, Santa Gertrudis la Grande y Santa Brígida de Suecia figuran entre los devotos medievales más destacados.
El punto de inflexión en la devoción a San José llegó con Jean Gerson (1363-1429), canciller de la Universidad de París, quien lanzó una verdadera campaña de promoción en el 1413. Su poema latino Josephina (2.957 versos) difundió la devoción por toda Europa.
En el Concilio de Constanza (1416), Gerson predicó sermones exigiendo una fiesta universal en honor de José. Argumentó que José debía ser representado como joven y vigoroso, una imagen acorde a una persona capaz de proteger y sustentar a la Sagrada Familia, rechazando la iconografía de algunos autores anteriores que decían que San José era un anciano.
San Bernardino de Siena (1380-1444), el apóstol de Italia, continuó esta labor presentando a José como modelo para los hombres y administrador diligente que trabajaba día y noche por los suyos.
Juntos, Gerson y Bernardino reescribieron el papel de San José en la historia de la salvación.
A finales del siglo XV, el papa Sixto IV introduce la fiesta del 19 de marzo en el Calendario Romano.
El siglo XVI marca la transición hacia una devoción josefina institucionalizada. Santa Teresa de Ávila (1515-1582) se convirtió en la gran promotora de San José tras atribuir a su intercesión la curación de una parálisis que la dejó como muerta en 1537.
La Santa fundó el primer convento de Carmelitas Descalzas bajo la advocación de San José de Ávila en 1562 —el punto de partida de su reforma— y dedicó al santo doce de sus diecisiete fundaciones.
A finales del siglo XVIII, más de 150 iglesias carmelitanas llevaban el nombre de San José.
San Francisco de Sales (1567-1622) incorporó la espiritualidad josefina en la Orden de la Visitación, estableciendo chaplet, letanía y meditaciones diarias en honor del santo. En su decimonovena Conferencia Espiritual, exalta la caridad, humildad, fortaleza y constancia de José, y defiende su resurrección y asunción corporal al cielo.
En los años siguientes, continuando con la nueva corriente imperante, se suceden hitos pontificiales que consolidan la importancia teológica de San José. Es la oficialización litúrgica de una devoción muy extendida entre en pueblo y órdenes religiosas (como los Carmelitas).
El papa Gregorio XV, en el año 1621, proclama el día 19 de marzo como precepto universal, elevando la importancia del santo al nivel de los Apóstoles para toda la cristiandad.
El papa Clemente XI, en el año 1714, crea el oficio propio en el Breviario, dota a la Iglesia de textos específicos (himnos, lecturas) para meditar de San José en la Redención.
El papa Benedicto XIII, en el año 1726, incluye a San José en las Letanías de los Santos, reconociendo su intercesión como superior y necesaria en el culto público oficial.
Estas medidas culminaron en el siglo XIX (1870), fecha en la cual el Papa Pío IX da el paso definitivo declarándolo Patrono de la Iglesia Universal, basándose precisamente en esa "importancia teológica" que se fue construyendo en los siglos anteriores. El 8 de diciembre de 1870, mientras el Concilio Vaticano I permanecía suspendido tras la caída de Roma, el Beato Pío IX promulgó el decreto Quemadmodum Deus, estableciendo:
«Así como Dios constituyó a José, hijo del patriarca Jacob, sobre toda la tierra de Egipto para asegurar el trigo al pueblo, así también, llegada la plenitud de los tiempos, cuando iba a enviar a la tierra a su Hijo Unigénito, Salvador del mundo, eligió a otro José, del cual el primero había sido figura, y lo constituyó señor y príncipe de su casa y de sus posesiones, custodio de sus tesoros más preciados».
La declaración de Patrono de la Iglesia Universal es un hito que marca de manera definitiva el papel de San José en la liturgia y la devoción de los fieles de la Iglesia Católica.
La relevancia de San José se puede contemplar en numerosas obras que profundizan en la figura del Santo.
Entre ellas, se puede destacar la Quamquam Pluries de León XIII publicada en el año 1889. La encíclica es el primer documento pontificio extenso dedicado íntegramente a San José. El Papa estableció la dignidad única de José derivada del matrimonio con María:
«Si el matrimonio es la unión más íntima [...] que comunica los bienes entre los cónyuges, no puede dudarse de que José se acercó más que nadie a la eminente dignidad por la que la Madre de Dios supera a todas las criaturas».
El papa León XIII argumenta que, al ser el esposo legítimo de María, José participa, por una suerte de "comunicación de bienes" matrimonial, de la altísima dignidad de ella. No es solo un protector, sino que su unión con la Madre de Dios lo eleva por encima de los ángeles y demás santos.
Si fue la cabeza de la Sagrada Familia (la "Iglesia naciente"), es lógico que su autoridad y protección se extiendan ahora sobre el Cuerpo Místico de Cristo (la Iglesia universal).
Las reflexiones de León XIII consolida el camino iniciado por Santa Teresa y San Francisco de Sales: la figura de José no es la de un simple acompañante, sino la de alguien que posee una dignidad única derivada de su vínculo matrimonial con la Teotokos (Madre de Dios).
Además, compuso la célebre oración Ad te, beate Ioseph («A ti, bienaventurado José»), prescribiendo su recitación tras el Rosario de octubre. Es un momento histórico en el que la devoción a María y la devoción a José se entrelazan de forma inseparable en la práctica popular.
El centenario de Quamquam Pluries fue conmemorado por San Juan Pablo II con la exhortación apostólica Redemptoris Custos (15 de agosto de 1989), el documento más extenso del magisterio sobre José.
Estructurado en seis partes, analiza la figura evangélica de José, su servicio a la paternidad, su silencio elocuente, su vida interior y su patronazgo actual. El texto subraya la realidad del matrimonio josefino y la paternidad de José:
«San José fue llamado por Dios a servir directamente a la persona y misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad [...] cooperando en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la salvación».
El papa Francisco fue un defensor de la figura de San José. El papa fue siempre un fiel seguidor de la importancia de San José en la Iglesia Católica. Curiosamente, su primera misa solemne de inicio de pontificado tuvo lugar el 19 de marzo de 2013, en la Plaza de San Pedro.
Jorge Mario Bergoglio aportó a la Iglesia dos elementos que han ayudado a difundir la figura del santo entre los fieles.
El Año de San José fue convocado por el Papa Francisco a través de la Carta Apostólica Patris corde («Con corazón de padre»), marcando un hito en la historia reciente de la Iglesia. Se celebró del 8 de diciembre de 2020 al 8 de diciembre de 2021.
El Papa eligió estas fechas para celebrar el 150.º aniversario de la declaración de San José como Patrono de la Iglesia Universal, realizada por Pío IX en 1870.
La Carta Apostólica Patris corde desarrolla siete rasgos de la figura de José que resumen la visión moderna de la figura de San José
Padre amado: Por su papel en la historia de la salvación.
Padre en la ternura: El Papa destaca que José enseñó a Jesús a caminar y a hablar, viendo en él la ternura de Dios.
Padre en la obediencia: Conecta con los cuatro sueños en los cuales Dios envío a los ángeles a hablar con San José.
Padre en la acogida: José acepta a María sin condiciones previas, un modelo de respeto a la mujer y de acogida a lo inesperado.
Padre de la valentía creativa: Francisco lo describe como aquel que sabe transformar un problema (la falta de posada, la persecución) en una oportunidad.
Padre trabajador: Reivindica el valor del trabajo como participación en la obra de la salvación (siguiendo la estela de San José Obrero).
Padre en la sombra: La metáfora de la sombra del Padre Celestial. José es el custodio que sabe retirarse para que el Hijo brille.
La imagen de San José Dormido se ha convertido en uno de los símbolos más potentes de la espiritualidad contemporánea.
El propio papa Fracisco se reconoció como un gran devoto de la figura de San José, popularizando la práctica de poner papelitos con intenciones debajo de la imagen de San José durmiendo antes de irse a dormir. Con este pequeño gesto, el papa envía a los fieles dos poderosos mensajes.
En primer lugar, reconocer que nosotros no somos capaces de afrontar los grandes desafíos que la vida nos plantea cada día. Poniendo el papel bajo la figura de San José dormido, se pide la intercesión del santo para que nos dé fuerzas para afrontar nuestros problemas.
Además, se busca la ayuda creativa mientras dormimos. San José es un santo con iniciativa, decidido, no duerme con pereza, está atento a las soluciones que le pueda proponer Dios.
Esta devoción a la figura de San José dormido se fundamenta en que, en la Biblia, los momentos cruciales de la vida de José no ocurren a través de palabras habladas por él (ya que no se registra ni una sola palabra suya en los Evangelios), sino a través de cuatro sueños narrados en el Evangelio de Mateo.
El primer sueño es, quizás, el momento más dramático para San José porque está desgarrado por la duda ante el embarazo de María. José, siendo «justo», tratando de hacer el bien incluso en una situación dolorosa y confusa,, no desea denunciarla, pero tampoco puede convivir con un misterio que no comprende. El ángel no solo le da información técnica sobre la Encarnación, sino que le devuelve la paz. Al despertar, el sueño se transforma en un acto de fe radical: José acepta un misterio que supera la lógica humana y asume la paternidad legal del Hijo de Dios, salvando la honra de María y la vida del Niño.
En el segundo sueño, la orden de huir a Egipto. San José recibe las órdenes para que pueda ejercer su papel de guardián. El santo tiene fe total en los mensajes de Dios, y los acata de manera inmediata. El santo "se levantó, tomó al niño y a su madre de noche". El sueño no produce en él una parálisis contemplativa, sino una agilidad operativa. San José el proactivo, busca las condiciones de seguridad para su familia bajo la guía de una instrucción recibida.
El tercer y cuarto sueño (el regreso de Egipto y el desvío a Nazaret) consolidan a José como el hombre del discernimiento constante. Estos pasajes muestran que la guía de Dios no es un evento único, sino un acompañamiento paso a paso. José debe decidir dónde establecerse en un mapa político peligroso.
El cuarto sueño es particularmente revelador porque muestra una interacción entre el miedo humano de José (a Arquelao) y la dirección divina. Dios no anula el instinto de prudencia de José, sino que lo confirma y lo orienta hacia Nazaret, cumpliendo así las profecías.
La evolución iconográfica de San José refleja el desarrollo teológico de su figura.
Las primeras representaciones conocidas datan de 432-440 d.C. en los mosaicos del arco triunfal de Santa María la Mayor (Roma), donde aparece joven, barbado y vestido como patricio romano.
La iconografía medieval, influida por los apócrifos, lo representó como anciano incapaz.
Tras el Concilio de Trento, esta imagen fue sustituida por el José vigoroso de El Greco, Guido Reni y Murillo.
Los principales atributos iconográficos de San José incluyen: